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Hacia la innovación social corporativa (I)

Tiempo de lectura: 2 – 4 minutos

Cuando hablamos de innovación focalizamos irremediablemente hacia una de las vertientes del concepto. Nos referimos a la innovación tecnológica y la importancia que el I+d+i tienen para el desarrollo de un país y en particular para nuestras empresas.
No hablaremos aquí de los aspectos clave de la innovación tecnológica que la identifican como motor de cambio y diría incluso de supervivencia en los tiempos que corren. Hablamos de un motor incluso más poderosa, al alcance de todas las organizaciones sea cual sea su estructura, la innovación social corporativa.

La gestión del conocimiento corporativo, lo que venimos a llamar inteligencia corporativa tiende a aglutinar todo el conocimiento de la organización, en sus dos vertientes – el conocimiento explícito– por un lado y – el conocimiento tácito– por el otro.
En el primer caso nos referimos a toda aquella información organizativa que se puede expresar con facilidad, que puede ser codificada o formalizada. Este grupo englobaría toda aquella información, procesos mecanizados, etc… que la empresa tiene detectados y formalizados.
En el caso del conocimiento tácito, estaríamos hablando del conocimiento que es difícil de formalizar, codificar e incluso sin los canales adecuados, de comunicar, como puede ser la experiencia, las habilidades e incluso la intuición.

¿Qué es la gestión estratégica del conocimiento (GEC)?

Esta disciplina aglutina todos los procesos organizativos necesarios para generar, comunicar y utilizar el conocimiento tácito y explicito de nuestras empresas. Uno de los principales objetivos es precisamente el generar las sinergias internas necesarios entre todos y cada uno de los miembros de la organización que permitan acciones innovadoras.

¿Qué pretendemos conseguir a través de la gestión estratégica del conocimiento?

Aunque el objetivo final sigue siendo la toma de decisiones, la clave de este modelo de gestión estriba en la innovación, la mejora continua e incluso la pura supervivencia organizacional.

Un buen plan de gestión del conocimiento debe dirigirse hacia la excelencia en inteligencia corporativa. El mejor capital del que dispone una compañía es sin duda el capital humano y el activo intangible que este representa, el capital intelectual. Está en manos de las organizaciones que este potencial humano se dirija solo a los procesos definidos o por el contrario, que se genere en el seno de la organización un modelo de 360º en el que cualquiera de nuestros colaboradores pueda ser clave en la estrategia empresarial. El desarrollo de nuevos servicios, nuevos productos, nuevos modelos de gestión, etc. Cualquiera de estos procesos puede y debe beneficiarse de un modelo de innovación social implementado en nuestras organizaciones.

No aprovechar esta riqueza nos llevará irremediablemente a la amnesia corporativa y que otros puedan sacar provecho de todo este conocimiento.

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